
Eso si, el tipo hay que reconocer que los tiene bien puestos. El primer día de rodaje se metió cuatro tiros de cualquier mierda sudamericana de dudosa calidad y pensó...¡a ver que coño sale de esto!. Y claro, la crítica le tildó de genio entre los genios una vez más.
Todo aquel que intente buscarle un significado a la película es un ingenuo y un poco estúpido. La película no se entiende porque no tiene que entenderse, no tiene sentido porque lo que el Sr. Lynch quería era reírse de todos nosotros en nuestra puta cara y a buena fé que lo consiguió. Si le hubiese dado, en uno de sus muchos momentos narcoléptico-depresivos, por filmar durante dos horas la cabeza de un gato atropellado, la crítica hubiera sido igual de benévola y aduladora. Eso es lo que tiene ser un triunfador.
En sí Mulholland Drive no son más que los delirios de un drogodependiente metido a director de cine que pretende llevarnos a la locura o al suicidio por aburrimiento, según el caso. De todas maneras, y debido a que todos cometemos errores en nuestra vida (aunque no tan graves desde luego), vamos a clasificar este largometraje con únicamente 2 malos tragos. Si tienes una cita en casa y no sabes que ver después de la cena para lanzarte cual hiena hambrienta sobre tu presa, es una sabia elección. Estoy seguro que accederá al más sucio de tus sueños eróticos con tal de que no la obligues a verla entera.
Pues que sepas que yo tuve que vender esta cosa y fue un mal trago también.
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